Salima Sánchez

Las Redes Sociales más utilizadas y su análisis desde la Psicología

Las redes sociales han cambiado la forma en la cual nos comunicamos. Por eso ahora no solamente debemos conocer estrategias entorno a estas herramientas sino que también debemos saber cuáles son las implicaciones psicológicas que pueden tener en nuestro día a día.

En este post aprenderemos las implicaciones psicológicas que tiene el uso de las distintas redes sociales y contestaremos a las siguientes preguntas: ¿Por qué usamos las redes como lo hacemos? ¿Cuales son los procesos psicológicos que están subyacentes en algunos de nuestros comportamientos?

 

Facebook: la red social de la recomendación… y del cotilleo.

 

Facebook es una red social que se relaciona habitualmente con la afiliación y con el marketing de recomendación. Lo normal es que el uso que hagamos de esta herramienta tenga que ver con establecer contactos más cercanos. Es decir, la utilizamos para establecer relaciones con nuestros amigos o conocidos, dándole así un uso más cerrado.

Pero, seamos realistas, otra de las funciones que tiene Facebook en nuestro día a día es la de servirnos para cotillear. Para observar aquello que hacen las personas de nuestro alrededor. Principalmente por el afán que tenemos de establecer comparaciones sociales con otras personas.

Esto nos resulta especialmente útil en aquellos casos en los que se trata de personas con las que hemos compartido algún tipo de relación previamente (compañeros de clase, antiguos amigos, etc..).

 

▷ ¿Por qué nos gusta cotillear en Facebook?

 

Lo primero que debemos tener en cuenta es que cotillear no tiene porque ser malo.  Va a depender de las intenciones con las cuales lo hagamos.

Lo más habitual cuando utilizamos Facebook para cotillear es que sea para tener más información sobre una persona que nos resulta inaccesible por algún motivo. O que lo hagamos con aquellas personas que conocemos pero hace tiempo que no vemos.

En el primer caso, la curiosidad es la que nos lleva a buscar más información. Y ser curioso es una de las grandes cualidades del ser humano, ya que es lo que nos permite crecer y evolucionar.

En el segundo caso, nos regimos en ocasiones por una necesidad de comparación. Porque, ¿Quién no ha buscado a sus antiguos compañeros del colegio para ver como están? ¿Y si vosotros tenéis más éxito profesional/personal no os sentís mejor?

Esto no significa que deseemos el mal ajeno, pero es normal que sintamos la necesidad de compararnos con otras personas. Lo cual es explicado por la Teoría de la Comparación Social (Leon Festinger, 1954). De hecho, cuando salimos ganando de estas comparaciones, esto afecta directamente a nuestro autoconcepto (el cual se encuentra ligado al autoestima).

 

¿Cómo afecta el «cotilleo» a nuestro cerebro?

 

A nivel cerebral podemos que decir que, en este tipo de procesos, nuestro cerebro busca la existencia de una “ventaja” con respecto a aquellas personas que serían nuestros competidores. Ten en cuenta que, por mucho que hayamos evolucionado, muchos de nuestros mecanismos cerebrales siguen estando ligados a los primeros homínidos.

Y como ejemplo, te dejo este documental en el que se habla de porqué nos gusta cotillear y cual es la base evolutiva de este comportamiento:

 

 

Twitter: compartir información con otros usuarios…. incluso sin haberla leído.

 

Twitter es, sin duda, una de las redes sociales en las cuales se comparte información de manera más rápida. A la hora de utilizarla, lo habitual es que, mucha de la información que se comparte en la red, tenga como objetivo el informar a otras personas sobre temas que nos resultan de interés.

Pero lo cierto es que, en ocasiones, el uso que se le da a ésta red está más basado en el hecho de conseguir seguidores a toda costa que en el de compartir información afín con nuestros pensamientos.

De esta manera, muchas veces terminamos compartiendo información que no tiene porqué resultarnos relevante personalmente. Pero que sabemos que va a gustar a aquellos a los que queremos «captar». ¿Te suena? Todos hemos hecho alguna vez cosas similares con tal de «encajar» con las personas que se encuentran a nuestro alrededor.

 

▷ ¿Por qué en ocasiones compartimos información con otras personas si no la hemos leído?

 

Porque… si realmente no lo hemos leído ¿cómo sabemos que la información que estamos compartiendo puede resultar útil a nuestro seguidores? La respuesta es sencilla: no lo sabemos.

Para explicar esto, lo primero que debemos tener en cuenta es que el ser humano es un ser social. Y, como tal, la necesidad que tenemos de reconocimiento y de interacción con otras personas es la que nos mueve. Y también la que hace que emitamos la mayor parte de nuestros comportamientos.

Esto se resumiría en que, cuanta más interacción social haya con otras personas, mejor. Y hace que, en ocasiones, nos «subamos al carro» de determinada información aunque no estemos demasiado de acuerdo con ella.

En resumen: debemos ser conscientes de que el poder del grupo muchas veces nos arrastra y domina.

 

¿Cómo podemos explicar a nivel psicológico el hecho de querer sentirnos «aceptados»?

 

A nivel cerebral podemos decir que el hecho de no sentirnos parte de un grupo puede crear incertidumbre. Lo cual hace que  aumenten los niveles de tensión en nuestro organismo, produciendo una desestabilización.

Sin embargo, cuando nos sentimos respaldados por un grupo o vemos que otras personas comparten nuestros posts, etc.. nuestro comportamiento se ve reforzado. Por ende, se reduce esta incertidumbre y nuestro cerebro encuentra un equilibrio que le resulta mucho más cómodo.

Como ejemplo os dejo «El experimento». Esta película replica un experimento de Psicología Social acerca de la identidad de grupo y cómo puede llevarnos a emitir algunos comportamientos que no creíamos posibles.

 

Instagram: La red social para humanizar. Y… la reina del «postureo».

 

Como ya sabrás, Instagram es la red social principal para la fotografía y vídeo. De hecho, si nos ponemos en el punto de vista más estratégico de la herramienta ,lo cierto es que resulta sumamente útil para humanizar nuestra marca. Principalmente porque nos permite compartir imágenes de nuestro día a día, las cuales nos acercan a nuestros usuarios.

Pero, como ya sabes, no es oro todo lo que reluce. Muchas veces el compartir imágenes se convierte en una obsesión para algunas personas.

De esta manera, en ocasiones se recurre al engaño y se termina vendiendo una vida que realmente no existe.

 

▷ Pero… ¿Por qué nos interesa vender una imagen nuestra de «seres perfectos» en Instagram?

 

Como hemos comentado más arriba, los seres humanos tendemos a afiliarnos y a buscar grupos en los cuales unirnos. Lo que destaca, entonces, en esta red social es la manera en que compartimos nuestra información.
Es decir, elegimos aquellas cosas que resultan “agradables” para el resto y huimos de compartir otra serie de momentos que no tienen tanta belleza para el espectador.

Porque, ¿tu has compartido alguna fotografía tuya recién levantado/a? ¿Has publicado la foto de una receta que ha sido un desastre?

No trates de engañarme, la respuesta habitual suele ser que no y tiene una clara explicación: nos gusta ser atractivos a los ojos de los demás. 

Si, a todos nos gusta que los demás nos consideren simpáticos y agradables. Es como si tuviéramos que cortejar al resto de personas para que quieran ser nuestros “followers”.  Y, en este ritual de cortejo, en vez de enseñar nuestras plumas enseñamos nuestras mejores fotografías en Instagram.

 

Pero, ¿cómo podemos explicar a nivel cerebral el hecho de que nos guste dar una imagen favorable de nosotros mismos?

 

En este caso tenemos una respuesta bastante sencilla. Ya que la evolución nos ha enseñado que, aquellas personas que resultan más atractivas o con más virtudes, son las que tienen mayores posibilidades de reproducción. 

Este tipo de comportamiento es el que opera en los animales y, aunque nosotros hayamos evolucionado, sabemos que hay parcelas de nuestro cerebro que siguen estando más chapadas a la antigua.

Como ejemplo os dejo la historia de Essena O’Neill ya que creo que ilustra muy bien la idea que hemos comentado arriba (podéis leerla aquí). Y es que ella misma admitió que las fotografías que colgaba en esta red eran “mentira” y que su vida estaba vacía pese a su medio millón de seguidores en la red.

 

Youtube: vídeo y el síndrome de… «¿ese que sale en el vídeo soy yo?»

 

 

Youtube es la red social asociada al vídeo. De hecho, su uso ha aumentado con el paso del tiempo y cada vez son más los adeptos. Además, en los últimos tiempos el fenómeno «youtuber» ya se ha convertido oficialmente en una nueva profesión y todo apunta a que el vídeo va a ser el formato del futuro (inmediato).

A pesar de conocer las múltiples ventajas que tiene Youtube y la creación de vídeo a la hora de compartir contenidos lo cierto es que somos reacios a dejarnos ver. Al igual que no nos gusta escuchar nuestra voz grabada.

 

¿Por qué nos sentimos incómodos cuando nos vemos en vídeo o escuchamos nuestra voz en un audio?

 

¿Por qué nos negamos a formar parte del formato vídeo aun cuando sabemos que podría sernos sumamente beneficioso?

La respuesta tiene que ver con la ansiedad. Concretamente con la incertidumbre que nos produce el hecho de que alguna persona pueda juzgarnos. Porque, en el vídeo, nos encontramos mucho más expuestos que con otro tipo de formato.

Y ¿qué ocurre cuando nos encontramos con una situación que nos produce ansiedad? Lo normal es que optemos por la “huida” para evitar dicha sensación de desasosiego. Porque la ansiedad genera unos cambios en nuestro cuerpo que nos suelen producir una sensación bastante desagradable (aumento de la tensión, taquicardia, etc..)

 

¿Cómo podemos explicar a nivel cerebral el hecho de que no nos guste vernos en vídeo?

 

Cuando nos vemos en vídeo o escuchamos nuestra voz en un audio es que la imagen que se proyecta no coincide con la imagen que tenemos. Y, cuando esto ocurre, nuestro cerebro automáticamente la rechaza.

Esto sucede porque nuestro cerebro prefiere aquellas cosas que le resultan conocidas. Y eso explica el hecho de que, cuanto más nos grabemos en vídeo o escuchemos nuestra voz, más nos gustará ésta y menos extraño nos resultará.

Como ejemplo os dejo un artículo en el cual se habla de la incertidumbre que nos supone lo extraño o desconocido y la reacción de nuestro cerebro a este fenómeno. Podéis leerlo aquí.

Google +: la predilecta de Google… Y la gran ignorada por los usuarios

 

Todos sabemos que Google + es el ojito derecho de Google. Y, como tal, deberíamos potenciar su uso si lo que queremos es posicionarnos en algún campo.

Entonces, ¿por qué nadie lo usa? Aunque solamente fuera a nivel de negocio o para reforzar nuestra marca personal debería interesarnos.

Pero lo cierto es que no lo hacemos porque la interacción que se produce en esta red es muy limitada. O exige un esfuerzo por nuestra parte excesivamente prolongado en el tiempo, lo cual nos lleva a abandonarla.

 

▷ ¿Por qué no hacemos uso de Google + si sabemos que puede ayudarnos a posicionar nuestra marca?

 

La mayor parte del comportamiento humano suele regirse, en líneas generales, por una idea muy sencilla. Repetiremos un comportamiento si nos genera algún tipo de recompensa. Y, evidentemente, estas recompensas no tienen porqué ser tangibles.

El hecho de que una persona comparta nuestro contenido puede generar una sensación positiva y de bienestar. Pero, si esto no ocurre, lo más sencillo es que no volvamos a emitir esa conducta o que se extinga de manera muy rápida.

Nos gusta recibir recompensas a corto plazo y, si ésta conlleva más tiempo, es complicado que aguantemos lo suficiente ese comportamiento como para recibirla.

 

¿Cómo explica el hecho de que recibamos recompensas la repetición de un comportamiento?

 

A nivel cerebral podemos decir que nuestro cerebro elimina aquellos comportamientos que no le están suponiendo un beneficio claro. Principalmente porque así reduce el gasto de energía.

Debemos tener en cuenta que, nuestro cerebro reptiliano, está acostumbrado a tener que dosificar el consumo energético y es lógico que elija continuar con aquellos comportamientos que nos reportan un beneficio más claro. Aún cuando todos los procesos superiores están controlados por nuestra corteza cerebral. La parte más evolucionada de nuestro cerebro.

Como ejemplo de esto os dejo un vídeo sobre cómo decide nuestro cerebro:

 

 

Conclusiones y recomendaciones visuales

 

Finalmente, y a pesar de haberte dejado ya diversas recomendaciones visuales de camino, te dejo otra de mis preferidas. Se trata de un capítulo de la tercera temporada de la serie «Black Mirror» (si no la conocéis os la recomiendo encarecidamente). Y se llama: «Caída en Picado».

Este capítulo habla de las redes sociales y de la imagen que «vendemos» en ocasiones cuando las utilizamos. Abajo te dejo el trailer:

 

 

En cualquier caso, es importante que sepamos hacer un uso correcto de las Redes Sociales, tanto a nivel profesional como individual.

En el caso de que queramos mejorar algunos aspectos como conseguir un mayor número de seguidores en una red social, podemos optar por realizar un curso de Community Manager que nos permita conseguir las estrategias necesarias para conseguirlo.

 

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